En el umbral del odio

Estamos justo sobre el umbral, un paso y caeríamos por una garganta profunda, oscura y  nauseabunda cuya sima no alcanzamos a dimensionar. Un paso nada más. No es que no podamos luego salir y regresar, es probable que podamos, es el costo: todo lo que perderemos y destruiremos, las heridas que nos abriremos, el dolor que produciremos. Un paso hacia adelante puede significar cientos o miles para volver.

Ha sido un camino difícil hasta aqui y nos orgullecemos de lo alcanzado y con justa razón. Lejos de ser perfectos, hemos cometido muchos errores, pero los hemos sobrepasado, no sin esfuerzo, no sin dolor. Mas no estamos exentos, no nos volvimos infalibles. Podemos cometerlos de nuevo, pero ojalá no tan graves, no tan garrafales, no con tantos avisos previos. 

Ya el hedor del odio nos alcanza, su vaho nos abrasa la cara. Inhalamos lentamente su veneno y parece que se empieza a integrar en nuestro organismo, retorciéndonos las viceras, conviéndonos lentamente en pústulas prontas a estallar para continuar esparcimiendo ese vaho venenoso a los que conocemos y a los que no, a nuestros amigos, a nuestra familia, destruyendo y consumiéndo todo lo que realmente es importante. Y eso que aún no hemos dado ese paso.

Partidos en dos bandos, enfrentados en lo que parece una guerra fratricida. Nos hemos empujado entre todos hasta aquí. Todos estamos en el umbral mirando como hipnotizados al abismo, todos convencidos de que estamos en lo correcto, de que todo está justificado, que nuestra altura, moral o intelectual, es superior a la de los demás.

Conforme nos acercábamos los efluvios corrosivos parecían desintegrar las máscaras y los antifafaces de fiesta, con los que solíamos ataviarnos... Máscaras de tolerancia, de respeto, de pulcritud; antifafaces, que ahora nos parecen precarios, de inteligencia, de espiritualidad, de armoniosa convivencia. ¿Eran sólo ilusión?¿Atendían a nuestros deseos jantanciosos de parecen mas no de ser? Nos engañamos tanto tiempo entonces... espero que no, más la realidad en este momento es en verdad triste.

Ahora entrecomillamos valores y principios, atacamos creencias profundas y arraigadas, no con argumentos sí con el insulto fácil, con el vituperio mordaz, vilipendiando con la burla soez, viendo con real desprecio a quién no piensa como nosotros como si todo eso no nos retrase a nosotros en vez de a los demás, demostrando que nuestra afamada inteligencia es incompetente, nuestra habilidades escasas y nuestro sensibilidad humana en franca decadencia. 

Y lo mismo a la inversa: blandimos sagrados principios morales, y los arrojamos al rostro de quienes nos adversan casi escupiéndolos, erigiéndonos jueces de conciencia y condenando todo y a todos sin remordimientos, entregándonos fácilmente a la lapidación, al prejuicio, a la maledicencia, a el oprobio vulgar, a la vez que dejamos muda nuestra capacidad de razonar. Desnudando nuestras falencias espirituales no las de los demás, dándole la espalda a lo más básico de lo sagrado: el amor, la paz y el perdón. 

Nos hemos vuelto creaturas deleznables, propagadores de mentiras, burlas, sandeces y francas estupideces,  somos sacos de risas hirientes y de sarcasmo odioso, pero vacíos de reflexión, ausente el mínimo análisis, sin ninguna prudencia, sin reparo alguno, escudándonos en nuestra ignorancia, en un pseudo-periodismo informal e irresponsable, en figurines resentidos deseosos de recuperar protagonismo apunta de medias verdades, flagrantes contradicciones ideológicas, prostituidos ideales.

Y eso que aún no damos ese paso

Y espero que no lo demos, que nos recompongamos, que miremos lo que tenemos y que podemos salvar y perpetuar para las generaciones futuras. Se han cometido errores, grandes y pequeños, no los podemos obviar ni ocultar. Es necesario retomar la senda que ahora parece algo borrosa de paz, unidad, libertad, equidad, de verdadera espiritualidad y de nuestra cultura, sabiendo que hay cosas que no deben mezclarse. 

No más veneno: no edifica, destruye. Más argumentos e ideas, sin sarcasmo ni insultos, así conquistamos. Más principios y valores así crecemos. Más respeto así ganamos todos. Debemos parar ya está carrera de odio insensato, cortar la cadena que nos hemos puesto al cuello en lugar de seguir aprentándola.

Estamos en el umbral mirándo a los ojos a lo peor de nosotros mismos pero, aunque flaqueamos, no hemos dado ese paso y no debemos darlo ni ahora ni nunca.


Publicado el día antes de las elecciones de Costa Ricade 2018.

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Mi oscuridad

Me he asomado a mi oscuridad
Y en ella reposa alegre la tristeza
Riéndose sin ninguna sutileza
Acompañada dulcemente por la soledad

He mirado mi viejo rostro
Cuentas imperfecciones arropadas
Ya los años dejan marcas
Donde antes estaban mis abalorios

Contemplo mi eterno mal
Siempre conmigo, 
mi demonio particular
Bebe de mi misma copa
Maldecimos la misma cosa
Besamos igual

Nos asomamos juntos a la oscuridad
Es la sonrisa triste de mi alegría
La bella cicatriz de mi vieja herida
Es la eterna compañía de mi amada soledad

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Insultos, Insultos y más insultos

Recientemente el Ministerio de Seguridad Pública de Costa Rica prohibió la entrada a dos comediantes nicaragüenses que pretenden, o pretendían, mostrar su show en el país; bajo la premisa de velar por su propia seguridad. ¿Por qué? Pues porque se burlaron de los costarricenses con mofa, burla grotesca y soez.

Es muy entendible la molestia tica, las groserías fueron abundantes y pesadas. No se invita a la casa al vecino que ha hablado pestes públicamente de nuestros padres y hermanos ¿Cierto? Pero, si pide la entrada y nosotros lo atendemos con cultura, decencia y amabilidad ¿Es acaso demasiado utópico? ¿No es posible que mejoremos la convivencia en el barrio? ¿No es posible que esa persona cambie su percepción sobre nosotros e, inclusive, que nosotros cambiamos la nuestra sobre ella? Y si no es así ¿Perdimos algo? ¿Nos dejamos humillar? ¿Debemos de, al menos, impedirle la entrada, y cuando más lincharlo públicamente?

Mi fe en mi pueblo, mi impulsa a creer que tenemos buena educación, cultura, que la población mayoritariamente cristiana (católica y protestante) atiende a principios y valores humanos elevados, que cuando nos llenamos la boca con la idealizada forma de ser del costarricense: amable, atento, cálido con el extranjero, tolerante y, en fin, buena gente, lo estamos diciendo sincera y honestamente.

Sin embargo cada día la evidencia me abofetea la cara diciéndome que, en realidad, una amplia parte no es así. Que si un nica nos insulta por internet, nuestro mejor forma de hacerle frente a la situación es enviarle amenazas de muerte, insultarlo peor de lo que él lo hizo y se viene por aquí despellejarlo  vivo y echarlo a los perros. Y no estoy recurriendo a mi imaginación, peores comentarios he leído en las redes sociales.

Y si el mentado nica se disculpa, y lo hace exponiendo coherentemente sus ideas y pidiendo olvido para su error y unión entre los vecinos, más encima nos tiramos de  él, como perros rabiosos, porque es un cobarde y hay que dejarlo que venga para desaparecerlo.

Es de llorar, ¿De verdad tenemos que impedir que venga porque su integridad física está en peligro? ¡¿En Costa Rica?! El país pacífico, sin ejercito, el rinconcito de paraíso...

Luego veo un video de cuatro chiquillas de colegio, agarrándose a golpes en medio de una rueda de compañeros que les gritan “¡Dele! ¡Dele! ¡Dele Duro! ¡Mae maldita!”, y hay decenas de ejemplos, basta irse a las noticias y sus desagradables reseñas de sucesos.

Tengo una hija pequeña, y me entristece y me asusta en el mundo en que va a crecer: un mundo rabioso, un mundo donde si no haces la vejaciones te las hacen, donde si no golpeas primero te golpean dos veces, donde hay que insultar e insultar alto y fuerte, donde tienes que odiar al que es diferente y serás más aceptado si odias en manada. Es un mundo despiadado donde no soportas nada, no pasas nada por alto y donde debes devolverlo todo y con intereses. Y si de casualidad perdonas, o ayudas a quien te hirió o tienes un buen gesto con quien te molestó, eres la peor escoria, el imbécil, el tonto porque nadie se deja, solo el cobarde.

No quiero que sea así, no debe ser así. Aun creo y espero, que la mayoría no seamos aun así, pero cada vez cuesta más creerlo, a veces parece que nuestra sociedad fracasa y que nos hundiremos irremediablemente.

Una canción china dice “la mayor victoria es cuando logramos convertir a nuestro enemigo en amigo”. Debemos cambiar mentes y corazones, debemos empezar por nosotros mismos y por nuestros hijos…


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-Cuanto pesa la lluvia-

Cuánto pesa la lluvia
Al que se cree vencido
Como llora el alma
Cual si fueran ríos
En pie se mantiene el árbol
Mas por dentro roído
No sabe si dejarse caer
O aparentar estar dormido
Siniestros los cielos me parecen
Constante tormenta en ciernes
Quisiera no sentir lo que siento
Quisiera no morir a cada respiro
Ya si acaso sonrío para no llorar 
Y descoser mis ojos en lágrimas 
Reír para ahogar los gritos
Y disimular que he caído
Como quisiera que no doliera 
Como quisiera no recordar
Como quisiera que volviera
Como quisiera parar de llorar
La esperanza me abandona
Al amargo lecho me atrae
Solo el inmenso dolor me queda 
De un amor que decae
¡Que me explote el corazón!
¡Que se queme mi garganta!
¡Que se termine el mundo!
¡Que no quede nada!
Al final amainará la lluvia 
no tiraré la toalla
Secare mis lágrimas 
Y regresaré a la batalla
Y la vida, la alegría
De nuevo brotarán
Mas aunque siga lloviendo
Ya no me pesará…

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Respuesta a de Cisnes y Gobernados

Este post es una respuesta al artículo publicado en Connexis, "De cisnes y gobernados":

En mi humilde forma de ver y tomando en cuenta mi escasa formación en ciencias sociales o políticas, me parece que los recientes eventos en el país son, reacciones lógicas de un pueblo que nota que sus propias decisiones (llevar a quien sea al poder político) han sido erradas.

El actual gobierno ha sido un derroche de malos manejos, pésima administración, corrupción, y verdaderas metidas de pata de la cabeza del gobierno cada vez que se expone a los medios. Un desfile de errores ante el pueblo que los puso a gobernar. Estamos, me incluyo aunque no voté por los que están actualmente gobernando, hartos que nos den excusas en vez de resultados.

Siempre estamos 30 años atrasados, siempre fue culpa de gobiernos anteriores, siempre necesitamos más impuestos… ¿Para qué? ¿Para que los continúen administrando como hasta ahora?

No creo que una parte significativa de los manifestantes, personales o virtuales, desee cambiar substancialmente de modelo de gobierno, aunque sí creo que desean el poder de elegir directamente a todos sus representantes, e incluso el poder de substituirlos si no cumplen eficientemente con su trabajo, sí creo que deseen ver las cuentas claras de quienes nos gobiernan, sí creo que desean que los que cometen errores de administración paguen por esos errores. No creo que deseen ver protegidos por el gobierno a quienes deberían irse, a los que deberían enfrentar procesos legales por sus “errores”, eso no lo creo.

Ceo que desean que los mismos de siempre, que los que hoy son ministros, mañana diputados, y pasado mañana presidente ejecutivos de instituciones públicas, o alcaldes ayer y hoy precandidatos presidenciales, ya dejen las ubres de la patria, que con sus 30 años de atraso, con sus gobiernos anteriores, nos tienen secos, cansados, molestos.

¿Y que puede hacer el pueblo? ¿Qué le queda a la masa de indignados? Manifestarse, ¿Cómo? Usando lo que tenga más a mano. Usando el choteo característico del compatriota, usando la enorme penetración de los medios digitales, de las redes sociales. Esos medios que igual han convocado manifestaciones en el Cairo, como en Wall Street, como en la rotonda de la Hispanidad. Esos que hoy usan los jóvenes para decir las verdades desde sus particulares puntos de vista. Esos que algunos gobiernos teocráticos o totalitarios, censuran por ver amenazada su estabilidad. Es lo que hay a mano, es lo que queda.

Y caminar, y bloquear, y pedir que los escuchen, ¿Con que otros medios de presión podrían hacerse notar por un gobierno que desconoce el porqué del descontento popular?

Creo que el desencanto por la política es una realidad establecida en nuestro país, a una gran mayoría no les interesa quién venga a continuación, será uno de los mismos de siempre, vendrá a hacer lo mismo que han hecho los últimos gobiernos, sí, esos de los 30 años de atrasos…

Entonces ¿Para qué molestarse? ¿Para qué gastar nuestro tiempo leyendo planes de gobierno? ¿Para qué procurar conocer a quienes nos representarán en el legislativo? No tiene sentido si son los mismos, si nunca hacen lo que prometen, si llegan a subirse el sueldo y obstaculizase entre sí, procurando posiciones privilegiadas a fuerza de alianzas que traicionan sus propias ideológicas partidarias. Es un absurdo baladí.

Pero no lo es. Los que saben dicen frases famosas como que “Cada Pueblo Tiene el Gobierno que Merece”. Nos merecemos estos gobiernos, simple y plano. Somos rebaños mansos de corderitos, nuestra propia historia parece condenarnos: salvo algunos incidentes, recientemente no nos ha tocado luchar por lo que queremos, por nuestros derechos, por nuestra dignidad. No nos ha hecho falta, la hemos tenido muy fácil y nos hemos vuelto maleables, manipulables, sosos, flojos…

Si continuamos de esta manera, sería como esperar resultados diferentes repitiendo las mismas acciones: Elecciones, alto abstencionismo, nuevo gobierno, mal gobierno, protestas, elecciones, alto abstencionismo….

Debemos involucrarnos, sacar a los mismos de siempre, no darnos por vencidos al abstenernos de sufragar. Conocer, cambiar, usar el sentido común, trabajar por nuestro cisne negro, por una patria mejor.

¡Podemos hacerlo! dejar los colores de nuestros abuelos; ya cumplieron su ciclo y ahora degeneran en aberraciones que no tienen nada que ver con las viejas glorias que lograron. Necesitamos hacerlo o condenarnos a nosotros mismos, al fin de cuentas estamos cansados de nuestras propias decisiones, somos nosotros quienes los ponemos en el poder.

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