+ Ajusticiadora +
Cuando eran necesarios, ella y su
grupo aparecían. Durante más de
trescientos años había desempeñado su labor ya sea castigando a otros cainitas
en el principado de Buenos Aires o cazando algún amenazador lupino solitario en
las heladas estepas rusas. Donde su nombre era conocido, infundía temor entre
la mayoría de los vástagos. En los últimos años, sin embargo, los
ajusticiadores eran menos requeridos, la tecnología parecía querer reemplazarlos.
Esta vez se hallaba en la Ciudad, descansando de la inmortalidad en el
principado de Arbarth Mondaraz, un poderoso Ventrue bastante antiguo, cuando intempestivamente
él requirió sus servicios.
Hiboshi Akana era una
ajusticiadora, abrazada en medio de la feroz guerra civil japonesa, en medio de
las batallas de Oda Nobunaga. Mondaraz había salido de Europa en medio de
traiciones y la asfixiante persecución de la inquisición, con casi toda su
descendencia perdida o destruida. La época no era la mejor, la joven camarilla
apenas se sostenía, los ecos de la
revuelta anarquista aun podían escucharse y la creación del mítico Sabbath
comenzaba a cobrar veracidad entre los hijos de Caín. El antiguo líder de los
Ventrue deseó dejar las viejas tierras y viajar hacia el nuevo continente, pero
por error abordó un barco portugués que desembarcó en Nagasaki en 1567.
Akana, huérfana de nacimiento,
fue criada en una de las familias practicantes del ninjitsu más reconocidas de
las colinas en las afueras de Kyoto. Creció dentro de aquel arte, padeciendo
sufrimiento extremo en los entrenamientos pero avanzando velozmente, con infinito
valor, mucha determinación y un gran talento innato para el mismo, muy joven se
convirtió en una de las pocas Kunoichi, mujeres ninja, contratadas por el
gobierno.
Luchaba, pues, del lado del
imperio. De oscuros cabellos y pocas palabras,
trabajaba directamente para la gobernación de Kyoto, lo que la constituía en
una especie de traidora a los ojos del pueblo. Una noche, cuando los rebeldes
hicieron una pequeña incursión en los jardines del palacio imperial, Mondaraz,
que se alimentaba en los alrededores, la divisó entre las penumbras: La bella e
inocente jovencita de día se convirtió en una inmisericorde y sigilosa asesina
nocturna, eliminado silenciosamente uno por uno a los insurgentes. Esa noche,
el ventrue decidió abrazarla y convertirla en su nueva favorita y de paso
hacerse de una guardaespaldas.
Se le
presentó en el jardín, como una sombra de rostro blanco posado sobre la fuente.
_”Eres
una criatura interesante” le dijo sonriendo. “¿Deseas ser inmortal joven
asesina?”.
“¿La
inmortalidad? Es ridículo, forastero. Mejor sal del castillo antes de que
termines herido” La ninja sorprendida por la aparición repentina del caucásico
extraño, recia y burlonamente rechazó, de tajo, el absurdo ofrecimiento de la
inmortalidad que le presentó Mondaraz con todos los alardes y en perfecto
japonés.
El
ventrue obviamente no aceptaría negativas y sobrevino una pelea entre ellos en
la que para el asombro de la Kunoichi, el extranjero no podía ser asesinado
fácilmente.
Entre saltos
acrobáticos y maniobras imposibles, la kunoichi le lanzó todo su arsenal: sus
shurikens tan solo fueron un juguete simpático para el vampiro una vez que se
arrancó los que se le habían incrustado en el tórax. Al instante siguiente se
encontraba tras la asesina, ella de inmediato se volteó con una velocidad que sorprendió
a Mondaraz, blandiendo su katana cuyo filo fue a abrir la garganta de aquel.
Casi
logra decapitarlo, un descuido del monstruo, le hizo una herida de degüello que
no logró su propósito. Atemorizada, pensó que debía ser alguna especie de Oni,
demonio del folklore nipón. El solo la miró mientras la herida sanaba ante los
ojos de la ninja y se lanzó de nuevo tras ella.
La
asesina en serios apuros atrapada en medio del juego del gato y el ratón, logró
milagrosamente escaparse al abrazo planeado por el vampiro gracias a la llegada
invariable del alba, Mondaraz complacido
por las habilidades de su víctima, se replegó preparado para dejar de jugar y
finalizar el trabajo la próxima vez.
La
oportunidad se le presentó de inmediato. La noche siguiente un gran ataque al
castillo por parte de los rebeldes se llevó a cabo. La guerrera luchó bravíamente,
dejando un reguero de cuerpos inertes, pero eran demasiados. Los guardias del
palacio terminaron abandonando sus posiciones dejando el castillo a su suerte.
El temperamento de Akana no le permitía ese lujo, si debía morir aquella noche,
moriría luchando.
Al final el castillo ardió y la joven moribunda
yacía en medio de las llamas en una de las habitaciones del recinto imperial.
Sarcástico y bien humorado llegó el demonio de la noche anterior a ofrecerle
una vez más la inmortalidad. Se acuclilló a un paso de donde yacía, con un dedo
probó la sangre que se derrama por el suelo y le dijo:
_”Ahora con esta nueva perspectiva que tienes, ¿Qué
te parece la inmortalidad?”_
Aún en su condición, mortalmente herida, desangrándose,
la kunoichi rechazó la propuesta alegando honor.
_”Todo es nada, nada es todo, no existe la
inmortalidad, y aunque existiera, hoy he de morir, después de luchar con honor
moriré con honor.”_
Mondaraz hastiado de la terquedad humana la iba
dejar consumirse en las llamas que se acercaban, pero en el instante final
decidió salvarle y abrazarla sin su absurdo consentimiento. Sacándola del recinto
en brazos, ya con el cuello perforado y en su boca la sangre del inmortal, la
llevó a su cubil.
Así Hiboshi continuó existiendo, en un principio
odiando con furia rabiosa a su Sire y luego otorgándole total sumisión y
lealtad a quien le entregará la maldición de la espada de Gabriel. Usando el
oscuro don recibido para maximizar sus habilidades hasta convertirse en una
inclemente ajusticiadora de los no-vivos.
Vestida
con su Shozoku (trajo negro usado por los ninja), ahora dirigía a su
grupo de tres ajusticiadores, cazando en la Ciudad a los vástagos de un
demente, aparentemente más loco que el promedio de su clan. Una cacería de
sangre a la antigua, como a ella le gustaba.
Etiquetas: Caza de Sangre
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